sábado, 7 de febrero de 2026

Paco, pasión por Añover y la escena

Francisco García Díaz es un imprescindible al hablar de teatro en Añover, lleva trabajando por la escena en nuestro pueblo desde 1967 y sigue haciéndolo, gracias Paco por todo lo que has hecho y ahora también por describirnos tus dos pasiones, también espero, o mejor esperamos, continuación de tu relato:


Mi primer contacto con el teatro debía ser de finales de los 50, podría tener 7, 8 años. En la plaza del pueblo se representaban obras de teatro representadas por compañías ambulantes de actores, llevábamos nuestras sillas desde casa. Recuerdo vivir los personajes como reales, a veces incluso yo era uno de ellos. Obras como “Ama Rosa”, “Romeo y Julieta”, y muchas más que no recuerdo.

Aún hoy, cuando cierro los ojos, puedo oír el rumor de aquella plaza.

El murmullo del público antes de empezar, las sillas de espadaña que crujían sobre el empedrado, los niños que corrían entre las piernas de los mayores… y de pronto, el silencio. Un silencio de respeto y de magia. Bastaba que se alzara una voz desde el escenario improvisado para que todos quedáramos hipnotizados.

A veces el viento movía las telas del decorado y el farol de gasóleo lanzaba sombras extrañas sobre los rostros. Pero nadie veía los defectos: todos creíamos en lo que ocurría allí, porque el teatro tiene ese don, el de transformar cualquier rincón en un mundo distinto.

Yo regresaba a casa con la cabeza llena de frases, de gestos, de emociones. No lo sabía entonces, pero cada función era una pequeña lección sobre la vida.

El teatro me enseñó, antes que los libros, lo que es la tristeza, el amor, la injusticia o la esperanza.

Estaba en mis comienzos del bachillerato y al cumplir los 12 años, tuve que examinarme de ingreso y primero de bachillerato y para eso nos trasladábamos a Madrid, esta fue mi otra experiencia con el teatro.

Estaba viviendo en casa de una tía de mi madre, casualmente su marido trabajaba en el Teatro Eslava de Madrid, y me llevaron a ver la obra de “Las salvajes de San Gil”, de José Martin Recuerda y director de la puesta en escena era Luis Escobar, dos de las personas más prestigiosas del teatro, en aquellos momentos. A entrar allí sentí que entraba en una catedral.

No estaba sentado en el patio de butacas, estaba arriba, detrás de unas cortinas por la que me asomaba. La emoción me sobrepasaba. Las actrices lloraban, gritaban, se rebelaban contra su destino, y yo, escondido tras las cortinas, temblaba con ellas.

Aquel día comprendí que el teatro no se mira: se vive.

Era el principio de los años setenta. En aquella época, representar determinadas obras o autores resultaba muy complicado. La censura aún pesaba sobre los escenarios, y no todo lo que se escribía podía decirse en voz alta. Aun así, el deseo de hacer teatro, de contar historias y de reunir a la gente en torno a un escenario, era más fuerte que cualquier prohibición.

Unos años antes había participado en el montaje de Sublime decisión, de Miguel Mihura. Era una obra amable, como casi todas las que podían representarse en aquellos años. El humor blanco y las situaciones cotidianas eran el refugio de los grupos de teatro aficionados, que intentaban esquivar la censura sin perder la ilusión de hacer reír y emocionar al público.

Vivía entonces en Madrid, una ciudad que respiraba teatro en cada esquina. Aprendí que existía un sitio muy pequeño y oscuro en la Plaza del Carmen en Madrid que vendían entradas de CLA, significaba de comprabas la entrada muy barata en sitio preferente donde te daban un papel escrito a mano donde te decía ponía en que momentos de la obra tenías que aplaudir, me hice cliente asiduo. Aprovechaba cualquier ocasión para asistir a una función; había días en que llegaba a ver dos representaciones distintas. Aquellos escenarios eran mi escuela y mi refugio. Aprendía observando, escuchando los matices de los actores, el ritmo de los diálogos, el silencio del público cuando algo les conmovía. Adoraba Madrid, muy importante para mi pasar desapercibido. Además del teatro, estaba al día de la música, lo poco que solía ahorrar me lo gastaba en singles.

Más tarde, por asuntos familiares, tuve que regresar al pueblo. Ya tenía veinte años. Hice el servicio militar y, al volver, me di cuenta de que Añover apenas tenía opciones culturales. Aquel vacío me dolía. Hablé con un grupo de amigos y coincidimos en que algo había que hacer. Corría el año 1971, aún vivía Franco, y cualquier iniciativa cultural suponía un pequeño acto de osadía. Decidimos empezar con una obra de
Miguel Mihura, un autor al que yo ya conocía y admiraba.

Ninguno de los que formábamos aquel grupo había hecho teatro antes. Creo que fue uno de los ensayos más divertidos que recuerdo. Nos llevó un mes de ensayo para prepararlo y, por fin, decidimos representar la obra. Yo no tenía ninguna convicción ¡Qué desastre! Se oía más al apuntador que a los actores. Menos mal que el protagonista, Juan Antonio —al que todos llamábamos “Chule”—, hacía de torero y, aunque era el que peor se sabía el texto, se llevó el mayor aplauso. Inventó medio guion, pero el público y los demás actores no podían dejar de reír.

Un señor vestido de violeta de Miguel Mihura:




Él se vino arriba, yo me moría de vergüenza, y la peor parte se la llevó la actriz principal, que se sabía la obra al dedillo y terminó indignada. Aun así, aquella primera experiencia nos sirvió para reírnos durante meses. Y, sin saberlo, fue el comienzo de algo mucho más grande.

A partir de ahí, desde 1972 hasta 1976, representamos varias obras. Muchos de los títulos los he olvidado con el tiempo, pero recuerdo algunos con especial cariño: El abuelo Curro, Madre Alegría, Don Armando Gresca, Soy un sinvergüenza, Bonaparte quiere vivir tranquilo, La ciudad no es para mí y La tercera palabra, entre otros.

El abuelo Curro de Guillermo Fernández Mir:






Fueron años de mucho entusiasmo y trabajo. Cada montaje era una aventura: los ensayos, los decorados improvisados, los trajes prestados… pero también la ilusión de ver el teatro lleno y escuchar las risas del público.

Quedó en proyecto Bodas de sangre. Queríamos hacer un montaje distinto, con música y representando algunas escenas entre el público. Incluso llegamos a ensayar, pero al final no cuajó. Fue el proyecto en el que tenía puestas más ilusiones.

Federico García Lorca era —y sigue siendo— uno de mis autores favoritos. Su forma de entender el teatro, la poesía y la emoción humana me marcó profundamente. Siempre me quedó la espina de no haber llevado aquella obra a escena.

Tras aquella etapa llegó un parón de cinco años. Pero el teatro, como la vida, siempre encuentra su momento para volver.

Era el año 1983, y en España se había restablecido la democracia después más de 40 años. Después de haber vivido los Carnavales de Madrid, en los que yo participaba, los anime a intentar restablecer los Carnavales en Añover. ¡BINGO! .La gente entusiasmada, de alguna forma revolucionamos al pueblo con nuestras ideas nuevas, no quisiera llamarlas revolucionarias.

Carnavales del 83: 







El grupo tuvimos antes, apenas quedaban miembros, ya todos trabajaban, entonces contacté con Gregoria Garcia, conocida como Goyi, persona conocida y querida por el pueblo y abierta a desarrollar nuevas ideas. Le comente las ideas que tenía y enseguida se puso a trabajar y buscar gente para el grupo

Nos organizamos un mes antes, organizamos una o dos carrozas, hablamos nos los bares y discoteca de Añover para organizar un evento en cada uno de los locales. Surgieron muchas ideas algunas disparatadas.

Un ejemplo: La Canción de Pedro Almodóvar “Quiero ser mama” cantándola en playbak, vestidos de monjas, Fernando Escribano, Santi Blanco, y yo, Paco Garcia.

Otros vestidos de Cantantes famosos, cantando también, Alaska, Rafael, Roció Jurado, etc.

Nos reunimos como 200 o 300 personas ese primer año, se preparó para el sábado de Carnaval un desfile y una carroza, todo pagado con una rifa de hicimos y algo de dinero que pusimos en resto y hubo muchas hombres y mujeres disfrazados.

El domingo, el entierro de la sardina, es primer año, con una peculiaridad, todos de luto, hombres con disfraz de mujer y mujeres con disfraz de hombre. Todo el mundo así lo hizo. Lo pasamos realmente bien toda esa semana.

Añover, hoy, tiene uno de los Carnavales más alegres, colorido y divertido de la Zona. Este primer carnaval lo hicimos sin ninguna ayuda. Hablamos con las discotecas y Pubs de Añover y montamos fiesta un cada uno de los Pub y discotecas. Exitazo.

Mi pretensión era que el grupo aumentara, atraer a más gente al grupo. Gente de todas la edades y culturas, que siguiera unido plantear nuevas actividades, charlas, lectura de libros, crear una Revista que hablase de Añover y hablar de sus inquietudes y problemas. Entrevistamos al sacerdote, alcalde, alguna personalidad del pueblo. Hablamos de temas como, aborto, separación del matrimonio, homosexualidad, temas que eran tabú en aquellos años.

La segunda fase era Crear una Asociación. Año 1985, pensamos en un nombre futurista, SIGLO XXII, a todos nos pareció bien ese nombre.

Lo que perseguía era hacer teatro, era mi gran ilusión.

Tenía un plan, hacer una obra conocida y donde se necesitaran muchos actores. Que mejor que una zarzuela y "La rosa del azafrán" era la que escogí, por estar muy ligada a La Mancha.

La rosa del azafrán, adaptación de El perro del hortelano de Félix Lope de Vega con música de Jacinto Guerrero:







Así fue, participaron gente mayor, jóvenes y niños y niñas, la repetimos como 4 o 5 veces en el pueblo, incluso se representó en la Plaza de Toros. También fuimos a varios pueblos, después de esta obra, nos plateamos hacer alguna obra más social y con alguna problemática que estuviera a la orden del día en España. de mas actualidad. "Bajarse al Moro" fue la siguiente, el tema era la droga donde muchos jóvenes estaban muriendo por el caballo. La obra trata de los camellos que pasan cannabis y baja a marruecos a comprar, el tratamiento que el autor de la obra es muy condescendiente con el cannabis, lo cual cayó en el pueblo como una bomba sobre todo a los más mayores

Esta obra la representamos en Illescas, pueblo cercano, justo coincidió con una redada antidroga de la policía. Eso hizo que nos replanteáramos representarla o no. La representamos, hubo dos policías dentro del teatro durante toda la actuación.

Los espectadores que acudieron, sobre todo jóvenes, aplaudieron a rabiar. Después de esta nos atrevimos con "La estanquera de Vallecas", también tuvimos algún problema, pero teníamos experiencia de la anterior.

A mí siempre me gustó tratar temas delicados, hablar en el escenario de aquello que muchos preferían evitar.

Creía —y sigo creyendo— que el teatro debe atreverse a poner el dedo en la llaga, a mirar la realidad sin miedo y a hacer pensar al espectador.

Pero en aquellos años no era fácil, muchas veces no encontraba aceptación en parte del público; algunos se sentían incómodos o incluso molestos al ver reflejados en escena asuntos que consideraban inapropiados o “demasiado modernos”.

Soy un sinvergüenza de Pedro






Aun así, nunca quise renunciar a esa forma de hacer teatro.

Porque, aunque a veces el público no aplaudiera tanto, sabía que la semilla quedaba plantada. Y eso, para mí, siempre valió la pena.

Después de aquellos años intensos, llegó otra pausa.

El trabajo, la vida personal y el paso del tiempo fueron dejando menos espacio para los ensayos y los escenarios.

Pero el teatro nunca se fue del todo.

Permaneció en la memoria, en los amigos, en las conversaciones y en el corazón.

Sé que, en otro momento, volveremos a hablar de esta segunda parte. Porque las historias que se viven sobre un escenario… nunca se terminan del todo...





Francisco García Díaz, hijo de Añover.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Añover en los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós


Los Episodios Nacionales
de Don Benito Pérez Galdós son más que conocidos, se trata una colección de 46 novelas que reflejan la historia de España desde 1805 a 1880, desde la guerra de independencia hasta la restauración borbónica, narra la compleja vida de los españoles a lo largo del agitado siglo XIX.

Ocurre que en la novela 31, primera de la serie cuarta, que se titula "Las tormentas del 48" menciona Añover, de una tacada nombra de Añover, nuestra vega, los espárragos y los melones.

Las tormentas del 48, describe el marco histórico de 1948, durante el reinado de Isabel II llegaron a España procedentes de Europa los levantamientos revolucionarios, estos dieron lugar a una feroz represión por parte de Narváez. Como en toda la obra en esta serie Don Benito nos narra la historia por medio de un personaje ficticio testigo de los acontecimientos, es a modo de diario del protagonista José García Fajardo. Casi al final de la novela en el capítulo XXX:

"6 de Junio.- Al reanudar hoy el cuento de mi vida, veo que la confesión última, con la cual debo empalmar la presente, es irrespetuosa y depresiva para mi futura compañera. Pero, atento a que la sinceridad resplandezca...

... La semana pasada hemos comprado un terreno

muy grande más allá de la Era del Mico, pagándolo como fanegadas de pan llevar, y dentro de algunos años, si Madrid crece y crece, como dicen que crecerá cuando haya ferro-carriles, lo venderemos a tanto el pie... Fuera de esto, es posible que nos quedemos con una finca muy buena en la Vega de Añover... Nos sale por una bicoca, y es tal que, poniéndole riego, será, según dicen, el Potosí del espárrago y la California del melón..."

Como en otras ocasiones comprobamos la fama de los productos añoveranos durante la época, el Potosí del espárrago y la California del melón.

Campos de Añover, cuadro del pintor añoverano César González



sábado, 20 de diciembre de 2025

TEATRO EN AÑOVER. Añover & Jesucristo Superstar, una historia de amor que comenzó en… 1981

Jesucristo Superstar es una ópera rock con música de Andrew Lloyd Webber y letra de Tim Rice, en España se hizo popular a partir del estreno de la película de Norman Jewison en 1973 y adquirió aún más fama con la versión teatral en español producida y protagonizada por Camilo Sesto en 1975.

No recuerdo la idea o chispa que nos lanzó a hacer Jesucristo Superstar en Añover, pero si recuerdo que como hacía falta mucha gente para el montaje, empezamos a buscar y a hacer reuniones en los salones parroquiales, estas reuniones en las que contábamos el proyecto servían al tiempo de altavoz para más voluntarios.

Conformamos un grupo de casi cien jóvenes, en el estábamos buena parte de la juventud añoverana del momento y con mayoría de chicas, nos unimos bastantes pandillas y para nada homogéneas, los que trabajaban, los estudiantes... , en común el entusiasmo de hacer algo distinto a lo siempre. No sé si será solamente para mí, pero que entre nosotros quedó un vínculo de amistad y simpatía para siempre.

A partir de ahora un pequeño "como se hizo", solamente puedo dar cuenta de mis recuerdos tamizados por el tiempo y que me van saliendo viendo las fotografías y activándose en muchos casos según voy escribiendo, algunos olvidaré mencionarlos, pero pueden venir en los comentarios al artículo.

La referencia principal para la representación era la película, que yo al menos sí había visto (una vez), también tenía las cintas de casete correspondientes a la banda sonora de la película, no conocía la versión teatral en español, pero nada más conocerla nos pusimos las pilas con ella, y con qué ganas, nos gustó, y creo que todos nos aprendimos la letra de todos los temas, aún la recuerdo.

Teníamos problemas de todo tipo, técnicos y no

técnicos pero nos atrevíamos con todo, cantar y música de la nuestra estupenda banda del último montaje en Añover, para nosotros auténtica ciencia ficción, se cantaba en "playback", utilizábamos un tocadiscos y el Long Play con sus correspondientes cara A y B, aclaro esto para explicar que la representación se hacía en dos partes, una para cada cara del disco, y en cada una de ellas era poner la aguja y a reproducir de principio a fin, todo seguido, no nos podíamos arriesgar a levantar el brazo del tocadiscos y que al bajar quedase un poco más delante o detrás con el consiguiente ridículo de repetir el final del tema terminado o empezar el nuevo tema comiéndose el principio. Así que entre tema y tema teníamos unos segundos para el cambio de escena, en algunos momentos se pasaba de escenario lleno de actores a un solitario personaje. Ese fue el motivo por el que pusimos los andamios de construcción delante del estupendo paisaje pintado por las chicas de decorados, el personaje entraba por las alturas y el grupo desaparecía de escena.

El sonido resuelto magníficamente, Antonio el cantante de "Los Saturno" nos dejaba su equipo de sonido y colaboraba con el grupo en todo lo que fuese necesario. De la iluminación del escenario se ecargaron Juan Carlos, Angelo y Francis, e hicieron auténticos milagros. Como curiosidad fijaros en la fotografía de grupo en la que se van los focos, eran medios tambores de detergente de lavadora forrados con papel aluminio.

Nos reunimos un gran grupo de impostores, nos disponíamos a hacer algo con total inexperiencia ni preparación, pero que debe ser un actor, pues un impostor. Primera e imprescindible cuestión, la asignación de roles y papeles, todos lo que sea menos subir al escenario, y aún las chicas se lanzaban más, lo de los chicos penoso, pasado un tiempo confirmas que es algo endémico.

Ya estaban nuestro roles distribuidos, teníamos la sensación de que nos venían muy grandes, sobre todo a mí, así que se me ocurrió aplicar eso del trabajo en equipo y la delegación de competencias (lo que me ha servido esta experiencia a lo largo de mi vida profesional), quizá lo que se me hacía más difícil eran la coreografías y quedó de esta forma, la "Canción de Herodes" con un ritmo de Charleston se lo gestionaron las propias chicas que además se coordinaron con nuestro Herodes, Fernando, un chico entonces tímido y serio que después de mucho trabajo se metió en el bolsillo a todo el grupo y también al público. También prepararon su baile el grupo de la canción estelar "Superstar" trabajaron un montón con Cordiano en el importante papel de Judas el personaje más rebelde convertido en traidor.

Fuerza y energía pusieron Pepe y su cuerpo de baile en la canción de Simón de Zelotes que nos regalaron una estupenda coreografía, José María se adaptó perfectamente a un sereno Jesús ,Antonio transmitió poder y debilidad a Pilatos, Abel daba solemnidad a la profunda voz de Caifás, aportó Mabel dulzura a Magdalena, incorporamos dos escenas finales, con el último tema "Juan Diecinueve Cuarenta y Uno" un cuadro representando "La Piedad" ó "Virgen de las Angustias", María (María Jesús) con su hijo yacente en brazos, y desde luego un final de fiesta con Jesús resucitado, recordando incorporación de escenas también empezamos la obra con la entrada en escena del numeroso elenco desde las puertas de entrada al cine, en el tríptico programa ya proponíamos la letra de participación del público.

Y que se puede decir de hasta quienes doblaron papeles, podían ser personajes sin diálogo, apóstoles, mercaderes, leprosos, reporteros o bailarinas, sin olvidar que todos nos convertimos en tramoyistas, o técnicos como Belén, Coral y Carolina pintando o Esther que nos maquilló. Este gran grupo funcionó como solamente podemos hacer los añoveranos.

Posiblemente me haya extendido demasiado contando pormenores del montaje de la obra, y aún quedan muchas más que contar, sé que a veces cuesta un poco lanzarse a escribir pero estaría bien que los demás componentes del grupo describiesen su versión.

Después de esta representación han venido otras muy interesantes, pero de esas tocará hablar en el futuro.

Gracias a Dolores y Marisa por las fotografías que han aportado, el blog queda abierto a todas las fotografías y opiniones que se quieran aportar.

Javier Rodríguez Sánchez, hijo de Añover

Las fotografías de la representación se han conservado muy mal y quedan muy turbias, he intentado restaurarlas con algunas aplicaciones de internet, las fotografías quedan mucho más nítidas pero las caras se las inventa, eso es lo que tiene la inteligencia artificial...










 









domingo, 7 de diciembre de 2025

Teatro en Añover de Tajo, desde 1971... Francisco García Díaz

LA CIUDAD NO ES PARA MÍ

Seguimos con las representaciones teatrales en Añover y lo vamos a hacer de la mano del añoverano Paco García Díaz.

El período que vemos es de 1971 a 1977, aunque vamos a seguir hasta la actualidad hoy nos quedamos en 1977, para dedicar esta entrada a la misma obra que va a representar el grupo LA ALEGRÍA del Centro de Mayores con la imprescindible participación de Paco, este próximo 14 de Diciembre en el TEATRO MUNICIPAL DE AÑOVER, de nuevo LA CIUDAD NO ES PARA MÍ, sé de buena tinta que la nueva representación es una versión actualizada y muy de Añover incorporando nuestra forma de ir por la vida.

Pero volvemos a 1971 y que nos cuente el mismo Paco:

En el año 1971, comenzamos un grupo de gente, a representar obras de teatro empezando con la obra de Miguel Mihura, “Un señor vestido de violeta” y continuamos durante 4 años, representando 8 o 10 obras de teatro, entre ellas "El abuelo Curro", "Don Armando Gresca", "Soy un sinvergüenza", "Bonaparte quiere vivir tranquilo" y, ya en el 77, "La ciudad no es para mí".

Fueron años de mucho entusiasmo y trabajo. Cada montaje era una aventura: los ensayos, los decorados improvisados, los trajes prestados… pero también la ilusión de ver el teatro lleno y escuchar las risas del público.

Francisco García Díaz, hijo de Añover


Ahora vemos una serie de fotografías de la representación de LA CIUDAD NO ES PARA MÍ aportadas por Paco:








Dos de las fotografías anteriores restauradas y coloreadas:


(Creo que le sobra la barba, milagros de la inteligencia artificial, se la ha inventado)

Y el cartel de la representación actualizada del día 14:


Otros artículos sobre el teatro en Añover:






Paco, pasión por Añover y la escena

Francisco García Díaz es un imprescindible al hablar de teatro en Añover, lleva trabajando por la escena en nuestro pueblo desde 1967 y sigu...

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