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miércoles, 30 de noviembre de 2022

El nogal. Seis cuentos y un lamento. Félix Alejandro Sánchez

 



El nogal.

Calores de julio se añoraba enero,

espeso apretaba el aliento del cielo.

En la grata umbría un talludo chaval

buscaba postura debajo el nogal,

aquel del ribazo junto al melonar.

Con la andorga llena, oía un cantar

y mirando lejos divisó un manchego

cortando melones, sudando el sombrero.

 

Al acomodarse al rudo terreno,

sintió la molestia de un fruto somero,

examinando con pausa la nuez

que sin querer le acababa de ofender,

sintiéndose neto, le dio por pensar…

 

“De este enorme árbol, con más de cien años

este fruto duro, tan terco, tan chico.

¡Mal hecho está el mundo!”, ... y se lo creyó.

 

Las tupidas hojas ni se conmovieron

“En cambio allí está tan gordo el melón

de matas rastreras prontas a secar,

en meses criado, presto a reventar.

¡Mal hecho está el mundo! ¿Quién lo entenderá?”

 

Complacido y conforme con su reflexión,

observando el trabajar, sosegado se agotó

y en su fresco amparo, blandamente durmió.

 

No pasan dos pájaros, cuando aconteció,

de una rama alta una nuez cayó,

con tan mala sombra, que en nariz le dio.

 

Repentino susto y un grito fogoso,

mareo en sus sentidos del fuerte dolor,

manos en la cara, los ojos llorosos;

un instante largo de nervios rabiosos

y cayó en la cuenta de lo sucedido,

se hincó de rodillas y limpió los ojos

percibiendo a la nuez, cariacontecido:

 

“Si en vez de esa nuez me cae un melón,…

desde aquella altura no lo cuento yo.

¡Que bien está el mundo!” Dijo arrepentido

Félix Alejandro Sánchez Sánchez, hijo de Añover




viernes, 30 de septiembre de 2022

Dicen ... - "Seis cuentos y un lamento" de Félix Alejandro Sánchez

 


Dicen ...

Dicen que en Añover hubo
entre su gente, un labrador
huraño, recio, bruto
ceñudo y poco hablador,

que un día cualquiera,
cansado de rozar caceras,
había echado el agua
y descansaba sobre una estera.

Tumbado en la choza y
en su primer sueño, su
hijo le despertó
con gran empeño:

“¡Padre! despiértese usted,
se han metido en las habas
he contado tres,
y las comen sin pelarlas.”

Nunca lo hubiera pensado el
muchacho,
su padre ni se inmutó
¿Estaría borracho?

“Vete y vigílalos”
tranquilamente, le dijo,
mientras como un galgo
corría desazonado el hijo.

Y volvió con más ahínco:
“Padre, que hacen daño.”
Ya se puso en pie de un brinco,
pausadamente se ató el cinto.

“¿Cómo las comen ahora?”
“Están jugando y las pelan”
“Ya mataron el hambre,
vamos a echarlos fuera”

Así conoció el mocete la
calidad de su padre,
duro, hosco, terco y fuerte
pero ante la necesidad, afable.

Dicen,… que en otra ocasión
su carácter fue el causante.
La plaza grande radiante pasaba
la procesión;

recogimiento, alegría,
pues sacaban al patrón,
todo el pueblo en sintonía
y… ocurrió de sopetón.

Al sonido acompasado
crujido seco cruzó,
fuertes voces y pecados,
la procesión se paró.

Despotricaba el feriante de
los cacharros de barro,
un muchacho pisó un jarro,
descalzo, sangró abundante,

El tendero hinchado y rojo
con un incendio en los ojos
y el niño sangrando, cojo,
colgando como un despojo,
de una oreja le prendía
y patadas le atizaba,
mientras que el chico gritaba
y a la gente conmovía.

Y llegó él, sin saber como y
le dijo con su aplomo:
Déjalo ya! ¡Para el carro!
Contestó ¿Y quien me paga mi tarro?


No se lo pensó dos veces se
subió al puesto de un salto,
dejándose de sandeces hizo
trizas a dos platos,
de nuevo salto otra vez
y rompió con sus albarcas
fuente, salero, almirez,...
sonaban como las tracas;

saliendo del puesto al fin se
le situó enfrente
y le porfió suavemente:
¡Cógeme de la oreja a mí!

Dicen,… que se atragantó con su nuez y
que se miró al ombligo,
dio un giro y solo, consigo,
aquel feriante se fue.

El muchacho no se quejó de la oreja
y su herida se curó
y es que aquello le marcó
hacia virtudes añejas.

Dicen… que a pesar de sus arranques,
respeto y consideración en
sus paisanos sociables,
despertaba el labrador,

y en los más impresionables
el severo oteador,
siempre lejano, distante,
infundía cierto temor.

Félix Alejandro Sánchez Sánchez, hijo de Añover










jueves, 21 de julio de 2022

SE DIFUMINAN LAS VEREDAS ...

Nostalgia de Juventud en Añover

Es bueno disfrutar de la poesía, Félix titula "Se difuminan veredas ...", el subtítulo es cosa mía.

Se difuminan las veredas ...

Si, se difuminan veredas, 

lo que parecía eterno

se ha olvidado a la ligera, 

en el molino del tiempo 

se ha triturado su esencia.  

¿Dónde se hallará aquel pueblo 

de costumbres solariegas,

de usanzas tan duraderas? 

Queda el poso del recuerdo 

¡Pero qué poco que queda!  

 

De Añover participé 

e joven, con su alegría

 y de su gente aprendía

 de las cosas el porqué

y…¡Ay! Sin sentirlo crecía.  

Pocos años, muchas ganas, 

muchos juegos, pocas penas;

 curiosidades tempranas

cual perro nuevo husmeaba 

vivencias, pruebas sin veda.  

 

Bullendo entre los cerros, la escuela, 

La Plaza Grande y las eras.

La bola el mundo, la enciclopedia, 

el maestro y la correa

en viejas sillas de enea; 

islote en un bravo mar

con propósito en formar

mentes de tenues ideas.  

 

El fútbol, dola o la taba, 

las bolas, las chapas eran la tarea.

Amigos de corazón,

 tener hincha y pescozón, 

andanzas, riñas y dreas.

 

El padre, la obligación

 y ayudar lo que se pueda;

percibía desde mi grada

 atareos en riada

 y su fluir me impregnaba.

Amable el sol y tierno el hielo

 en aquel tiempo sin prisa,

cadencia del ave en vuelo,

 cotidiana sobriedad,

 ágil y fácil la risa.  

Cimbreaban las ideas

 al compás de nuestra vega

 encismadora de trinos,

 devoradora de afanes,

amasadora de siglos.  

 

Batallones de azadones, 

los horquillos en guerrilla,

formaciones de tractores,

muerden, cavan, mutan, trillan

los sotos hasta la orilla.  

 

Agricultor o medianero 

que en sus manos lleva al campo,

“ajustao” o al jornal 

más curtidos que el esparto,

de alforja, albarca y peal, 

aguaderas y un costal

de honestidad y recato

 y el borrico del ramal;

 “pa” la taberna un real

¡Pon pajarito y un chato!  

Dónde se hallan sus resuellos

, sus alegrías y sus penas,

sus esfuerzos, sus empeños,

largas jornadas, … carencias;

 se esfumaron en los vientos,

se les siente cuando arrecian,

 corre el molino del tiempo.

Queda rescoldo, recuerdo, …

 sus hijos y primaveras.

Había un jergón en el chozo 

fuera caceras, culillos,

con los riegos a organillo.

Anda, sube el melón del pozo

 y con la mies echa parva

a dar vueltas con el trillo.  

Firmes, ajados, callosos

 de azadón, torna y rastrojo,

 contra el sino de los vientos

criaban asombros gustosos:

 Rabioso grana el pimiento

 cuyo asado es tan meloso,

 fina cebolla del huerto,

melones que te hacen dichoso

pepinos y “yervabuena” un concierto

 espárragos tiernos, pomposos,

 corcel a edén, el tomate.

Tanto sudor, tanto tiento

 y en el mercado ¡A “rivate”!

Cambiaron las circunstancias,

 no hay lechón de San Antón,

ya no hay velos, ni hay enaguas,

 ni “ataeros”, ni al pilón,

 ya no se ven avutardas

ni títeres, ni pregón.

 

No viene San Bartolomé

 por la larga el malecón,

qué fue de aquellos cantares

 con acentos de pasión.

Qué del gozo de los mozos

 de ir “aviáo” a la “función”;

 tupé, pasodoble y banda,

 y bailando el “Pestebón”;

 las golondrinas miraban

 los toros, la procesión,

“cobetes” y “limoná”,

 torraos, bailar “agarrao”

novios nuevos e ilusión.

Pompones y panderetas,

 quinto sediento a mostrar

que ¡Ya es hombre de verdad!

Soez cantar y pirueta,

 bandera y la “bacalá”,

hazme caso y da pesetas,

 mozos nuevos, paponas…

 

Época de Los Tropicana,

 del submarino amarillo,

The Beatles de larga melena,

 del Cordobés y su flequillo, 

de hondos cantares de penas,

 de “cintas” de americanos,

de romanos en calzoncillos;

 de curas de raída sotana,

los monaguillos “gusguillos”;

 ¡Vamos a merendar!

Vino o aceite con pan,

“sopón”, “civil” o membrillo.

 

Y empezó la discoteca

 con flashes y oscuridad,

 sin sitio para “gacetas”

 no se lleva ir a fisgar

arrumacos de parejas.

La música era la treta

 del joven acercamiento

y cada cual con su receta

de social comportamiento.  

Vestidos de aquí lo tengo

 lucen jóvenes inquietas,

que bailan como sin gana

cuchicheando discretas  

y que se fijen anhelan

machitos que están alerta

que de flor en flor no paran

 y las que escogen… son ellas.

Y quien no baila, en la barra,

 guarda compostura y mueca,

mirando quiere, … bebe y habla.  

Niñas de aprender el “corte”

 de esperanzas de tergal,

de ajuar de ilusiones prietas,

 costura, tesón y pensar…,

en los confites de boda,

 en un hogar con jaretas;

 contigo pan y cebolla,

chimenea y lumbre de paja,

 asperón, tizne en la olla

y agua llovida en tinaja.

 

Casas de buenos “apaños”

 de brasero de picón,

donde se zurcen los sueños

 con prole y justa sazón;

 donde quien manda es el “ama”

 que es la que estira los cuartos

 y… tiende la ropa al sol.

 Y al mediodía un cocido

 que se rebose del plato

¿Tres vuelcos o a lo borracho?

Semana Santa y potaje

 y en verano un buen gazpacho.

 

Corva figura de cuero,

 lágrima, arrugas, mentón,

viejas con negros pañuelos

 un redor y un escobón.

¿Has recogido los huevos?

¿Y “yerva” “pa” los conejos?

 ¡Calla!... que tocan a duelo.

 La mañana es un suspiro

 se va ha secar el puchero.

Yo le tengo que estañar

 pues le ha salido un chispero.

¿Qué has puesto pote o guisao?

No, que tengo un estofao.

¡Cuánto me gusta el cantero!

Yo sin dientes “pa rosnar”

 puches, torrijas espero.

¡Trae capacho y delantal,

 vamos a dar un garbeo!

 

Al fresco con los vecinos

siempre tela que cortar,

corre el aire ¡Vaya alivio!

y el gato en el albañal,

¿A ver quien se va a acostar?

 

Cadencia del ave en vuelo,

 nostalgia mirar atrás

a aquel tiempo sin prisa

 de vivir y poco más…

ágil y fácil la risa.

Fueros de la juventud,

capítulos de cortejo,

vigor, optimismo, salud…

que determinan las suertes

que se acarrean hasta viejos

 y se recuerdan por siempre

con tintes de azul festejo.

 

Se difuminan veredas

¿Dónde se hallará aquel pueblo

 de costumbres solariegas?

 

Apenas sin darme cuenta

 van cambiando las etapas,

 y no siento su escurrir

como culebras se escapan.

 

Se difuminan veredas

 durante siglos trazadas

escarpadas, esforzadas,

sendas maduras, austeras,

 por ellas la gente andaba

 erguida de fiel mirada,

ligera, alegre, certera. 

 

Hoy vamos por carreteras

 rectas, rápidas y llanas,

cómodos y sobre ruedas

no nos da tiempo a ver nada,

 solo instantes, prisas, ganas,

 pero en lo esencial, ceguera.

 

 A veces en un respiro,

 por las tierras de la vega,

me susurran ¿Dónde vais? 

¿Por qué autopistas os llevan?,

Son aquellos que no están

y que por nosotros velan.

Félix Alejandro Sánchez Sánchez, hijo de Añover


Poesía del libro inédito de Félix Alejandro Sánchez Sánchez "Seis cuentos y un lamento", y este es su lamento.

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